Baulito
Costurero de mimbre
Caja de galletas
Caja de zapatos
Aportaciones
Fotos desaparecidas

Indice alfabético de colaboradores, sin cuyas inestimables aportaciones jamás de los jamases habría sido posible esta muy memorable y digna de ser recordada -punto por punto y coma por coma (a ser posible y si no es mucho pedir)-  página:

►Adoración López 

►Adriana

véase nota aclaratoria que la exculpa de toda la responsabilidad que pudiera tener en este lío.

►Albertito el del tuerto

►Amada

Que se notaba a la legua que había copiado como una leona, que hasta con los puntos y las comas de manera que la Señorita Benilde, temerosa tal vez de que si leía hasta el final podría no ya descubrir el pastel, que eso no le importaba, sino encontrarse con una o con uno de más o de menos que le descuadrase sus cuentas, en cuanto hubo leído el primer folio dijo "muy bien, Valentina", y le puso un 9 pero porque la señorita Benilde nunca ponía un 10.

►Anabela

►Ascensión

►Aspasia

Aceleradilla ella, aunque tenía su ingenio. Pero atropellada y poco detallista (o escéptica, a lo mejor, sabiendo que Teresita, la Ledesma, la iba de todas maneras a eclipsar con su pulcritud) que se comía el encabezado y ni se molestaba en presentar los trabajos un poco adornados.

►Begoña Parrado

También se conserva una foto en negativo cuyas páginas no habría sido posible localizar y posteriormente ordenar sin la inestimable colaboración del Sr. Pedreras, que tuvo la amabilidad de elaborar un índice detallado seguido, para una mejor comprensión de su contenido y posterior trascendencia, de unas notas. Ver más abajo.

►Bibiana

 Que ciertamente confunde a quien alcance a leerlo porque no parece lógico que en textos por lo demás tan idénticos — e indicándose en uno y en otro que pertenecen al diario de una persona que en ambos casos es la misma —la que aquí lleva el nombre de Licinia lleve allí el de Mercedes. Aunque siendo Chuchi la de Ampuero la que anduvo por medio vaya nadie a saber quiénes y bajo qué nombres no la trajeron y llevaron a ella misma de aquí para allá hasta terminar por —quizás con intención de dar gusto a Zoila, que no quería de ninguna manera prescindir de su Cristina; porque con la del tercero no había mayor compromiso,  tan ajena como era al mundo nuestro y a nuestros egos, y contar o no contar con su Tabina no desencadenaría sobre ninguno de nosotros la ira de ningún dios ni diosecillo ni musa ni musilla ni museja ni de (pues en definitiva esas eran las más temibles y con las que de verdad había que andarse con cuidado) ninguna de las madres — sencillamente suprimirla, de un plumazo, y que nunca más volviese a parecer hasta que, con el tiempo, se fuese difuminando en el recuerdo hasta olvidarla, por completo, como si no hubiera existido jamás. 

bisabuela Nuncia

Ver en pags.32, 33, 40, 41 y 106

►Bisabuelo Montano

Que muy  diferente de la bisabuela —que, esa sí, supo  como venimos de ver más arriba incorporarse a la modernidad y hacer incluso sus pinitos con los adelantos tecnológicos — y mucho más anclado él en sus propios tiempos… sigue

►Brigidina

Que debido tal vez a que estaba interviniendo como suplente no se tomó su trabajo todo lo en serio que debiera y cometió este lamentabilísimo error, que se opta por no suprimir en atención a don Arnaldo y a su celebérrimo índice.

►Calandra

►Calpurnia

Se ignora por qué colocó en el primer párrafo del manuscrito de Afrodita ese enlace que conduce “como puede verse” según indicación del padre de la tía soltera de la del tercero que, desconfiando de que “tan heterogénea patulea como somos los aquí presentes” — decía, señalando con el puntero allá  donde se hallaba lo que quisiera en cada caso mostrarles  y añadiendo, en alusión encubierta a los más distraídos como, por ejemplo, Ciriaquito, “y algunos de los ausentes”— prestara toda y al mismo tiempo atención a todo cuanto una atención tan exigua pudiera con la ayuda de los dioses ser prestada prefería, en evitación de males mayores o que alguno se le perdiera por el camino, darle todo a los chicos bien masticado. 

►Carlos Moreno

►Casimiro

►Chuchi la de Ampuero

►Claudia Retuerto

►Claudio Puerto

►Clodoaldo Quijares

►Clotilde

Para más información acerca de ella consultar Foto de Gali y Matías (página 200)

►Damián

►don Alfredo

Un caso parecido al de Brigidina. Y es que, la freidora de la señorita Susi no se cansaría jamás de repetirlo, los suplentes, dijera lo que dijese "el Sursum corda no son de fiar".

►don Aniceto

Su esposa nunca dejaría de maravillarse, y no sin razón, de la facilidad prodigiosa que tenía para, además de cuando salía del probador confundirla a ella misma con las esposas de cualquiera de los otros caballeros, que acudían a comprar no importa qué a grandes almacenes y salían igual que ella de los probadores, pegar la hebra - tan bondadoso - siempre con las más feas.

►Don Apuleyo

Cuya intervención no aporta nada nuevo ni arroja luz alguna sobre un mundo y unos hechos ya más que de sobra conocidos — sobre todo para los que habiendo pasado aun de refilón y sin pararse,  porque ya se sabe que no es casilla en la que exista posibilidad de ni tan siquiera tomar asiento, por el número 5 estén al tanto de lo que relatase doña Gardenia en su versión 10 y en términos prácticamente idénticos — y se sospecha, por lo tanto,  que no tuvo más finalidad que, hombre éste temeroso de Dios e hipocondríaco donde los haya, servir de engarce para a través de la foto que se nos muestra en su pie de página nº1 brindar a la Loli la oportunidad de un minuto de gloria que la forzase, quién podría saber, a (aunque nada más fuera como muestra de agradecimiento) no acordarse de él durante los próximos… tres o cuatro lustros.

►Don Arnaldo

►don Celedonio

►Don Cliptemestro

Que, ya porque fuera en extremo machacón o porque no las tuviera todas consigo en lo referente a cuán pleclara pudiera ser la inteligencia de sus alumnos, gustaba de ilustrar sus enseñanzas con ejemplos a todo el color posible y, en este caso en concreto, eligió el 255-0-255 no sin dejar de advertir que en los deberes para casa cada cual era libre de elegir el que más le gustase.

►don Eliséo

Ver semblanza a pie de página.

►don Heliodoro

Que con el primer párrafo y el afligido esposo demudado y tembloroso y deshecho en lágrimas, que era todo lo que se le pedía mientras entraba el regidor dando las instrucciones correspondientes a Sonia, habría cumplido dijo la viuda de Ampuero más que de sobra "pero este hombre, que me desespera, siempre se mete en más jardines de los que se le encargan". Aunque a ella, le explicó a la de Arrupe, "como tú comprenderás no es que me importe". Pero que qué necesidad tendría "este hombre" (se preguntaba), de meterse en tanto jaleo con los chiquillos, y con el padre y los abuelos y, para colmo, con la madre que, que Dios la perdonase (a ella, la de Ampuero misma) pero le daba muy, pero que muy malísima espina.

►Doña Anselma

Que le reprendió diciendo "a ver si nos fijamos, jovencito, que tenemos la cabeza a pájaros" porque si es que no veía que ese le dijo él tenía que ir en letra the King and the queen en lugar de en calibri. Y Porfirio le echó la culpa a su padre que era, dijo, quien se lo había escrito con el ordenador. Y, por curarse en salud, "y la firma, doña Anselma, ya se ve que no está muy allá". Pero que su padre era un poco manazas.

►doña Gardenia

Su versión de quienes somos que en su momento nos proporcionara  Sonsoles podía no ser (y en verdad no era) una de las más brillantes — o rompedoras con las ancestrales y tan arraigadas formas de versionar — ni exhaustivas o merecedora de ser tomada  por fuente fidedigna o capaz de calmar la sed de verosimilitud que el ocasional internauta anduviera buscando saciar bebiendo en estas páginas, pero sí perfectamente digna de ser mencionada y recordada si se considera que, gracias a ella y por su mediación, se hicieron un pequeño hueco en nuestra Historia voces tan anodinas como la de Gutiérrez , o las de las Recuero, o la de la tía Tirrena, o la de la criada de don Federico, o la de Albertito el del tuerto que — por cierto y en reconocimiento al respeto que en el sentir de la aludida merecía la opinión de alguien que no estaba precisamente “cantando “(como diría Asdrubal Cifuentes) unas virtudes que, ella sabía mejor que nadie, en absoluto la adornaban — no va, a petición expresa de la antedicha, a ser ni más ni menos silenciada que la de Teresita Ledesma o la de Tornasol o la no identificada en la letra de la cancioncilla que ilustra el archivo titulado “En la casa de Tócameroque” a las que se puede, con toda comodidad y sin tipo alguno de censura, acceder por procedimiento tan sencillo como es el ir pinchando en cada uno de los enlaces siguientes:

►Doña Imelda la gobernanta

►Doña Loreto

foto aquí

►Doña Magdalena

Gracias a ella, y a su sentido tan poco práctico de la vida, y a su gusto por perder el tiempo, podemos - tantos años después (y cuando por causa de la gran cantidad de información acerca de todo de la que se dispone, que no da ni tiempo a enterarse bien de todo) - recordar quienes fueron personajes que, en su momento, hicieron Historia.

►Doña Mimí la funámbula

 ►Doña Pura 

Sus afirmaciones podían ser, como las de tantos y tantas otros u otras, todo lo cuestionable que se quisiera o que las circunstancias puntuales recomendaran como lo más deseable y, siempre, sin incurrir en excesos innecesarios; pero en lo referente a Abisinia no había lugar a objeción ni a tipo alguno de réplica porque - y aquí doña Merceditas se mostraba del todo inflexible - si "otras podéis" (decía, y alargando más de lo que la normativa exigía la "s" de "otras") comparecer con "vuestro propio perro y con independencia de que se trate de un dálmata o un chigüagüa o un schnauzer", no veía ella, y más teniendo en cuenta unos derechos humanos que por definición a los canes no asistían, por qué no iba a permitírsele a la anciana rendir tan inocente homenaje a la que sería por siempre en su recuerdo su tata de toda la vida.

►Doña Regina la soprano

Que habiendo fallecido don Gabriel sin dejar descendencia tomó, ella, el testigo del finado, que como había además jugado sin portar distintivo dejaba a la cantante las manos libres para elegir el propio suyo que, por cierto, guardaba - bordado por las monjas del convento en el que se criara y creciese su madre (seguir leyendo) tras ser abandonada en el torno - en uno de los cajones de su cómoda.

►Doña Virtudes 

►El abuelo Crisóstomo

Que era un bendito, o así al menos es como se lo describe aquí  (concretamente en la página 32), y que sentía (por lo que de su descripción se desprende) rechazo por todo lo que fueran propiedades.

►El asador de castañas

Que desempeñaba su cometido para la sobrina de la de Arrupe cuando, la víspera de su boda, fue sorprendida por la Loli.

►el calzador de la zapatería del padre de Carmela

►El cartero

►el chico de las fotocopias

►el jefe de estación

►El marido de Remedios

Hombre de pocas palabras a la hora de verbalizarlas por, al parecer y según Fanny, tener que soportar los arranques de su temperamental esposa cada vez que el pobre hombre abría la boca; pero de muchas y plasmadas con bastante rotundidad cuando, a solas por la tarde si ella tenía sesión de espiritismo y podía eludir el acompañarla, se desfogaba despotricando con su letra vehemente contra todo lo divino y lo humano.

►El mentor del señor Cremades

►El padre de Porfirio

►El paragüero de la señorita Susi

Que gustaba él, al parecer, de hacer intervenciones como - según podemos ver en este enlace y motivo por el que fue advertido por Afrodita de que muy bien pudiera estar incurriendo en alguna ilegalidad- comentarista en diversos blogs; utilizando, a puro capricho, diferentes seudónimos que, según se cuenta, elegía al azar y sin otro criterio ni más propósito que el de dejar constancia de su humanidad.

►El primo Andrés

Muy imaginativo él, tanto que las creaciones de los demás siempre le resultaban aburridas, faltas de color, o véase cómo en el relato de Fanny - ver más abajo y en azul, no más arriba y en negro, que ahí ya podía estar siendo una Camila u otra Crotalia de las que por conservar un orden no nos vamos a ocupar de momento - puso objeciones a la peripecia de la comida del día del cumpleaños de Roberto expuesta por una neófita voluntariosa pero (y eso habría de considerarse en su descargo) aun inexperta.

►El que reponía los vasos desechables de la máquina del café

Que era un hombre más bien tímido que apenas cruzaba palabra con nadie. Pero aquel día andábamos escasos de personal masculino porque se habían marchado casi todos a jugar un partido de fútbol contra los del Animas Benditas y doña Umbelina le pidió si por favor nos podría hacer ese favor que eran, "total" le dijo "apenas una veintena de palabras, dieciocho para ser exactos" (le especificó por animarlo) y que le quedaríamos muy agradecidos porque sin su inestimable colaboración don Heliodoro, tan mayor y tan delicado que estaba, se sentiría muy frustrado sin su pie, que lo tenía en las judías con chorizo. Y aunque sin gran soltura y muy nervioso, que se le cayeron los vasos cuatro o cinco veces, accedió pero comiéndose el "continuará", que dijo que eso ya no y que una y no más Santo Tomás.

►el registrador de la propiedad (de María Eulalia)

►El repartidor de pizzas yerno de la nieta de doña Regina

►el rizador de pestañas de Mariló

Que se puso el pobre un poco colorado y hasta tartamudeó avergonzado de ― por aquello de no desvirtuar las palabras de la señorita allí, en el estrado y frente a un auditorio tan grandísimo ― decir con su propia boca y con voz algo gangosa lo de la subvención, cuando su voluntad hubiera sido permanecer en el anonimato, sin dar cuarto alguno a ningún pregonero.

►El segundo secretario

►El señor Cremades

Que como buen pupilo de su mentor había aprendido a llevar una relación detallada de todas las partes que se cruzaran en su camino y a su criterio estuviesen manteniendo unos vínculos que conformaran un todo.  En este caso se nos muestra la secuencia completa...leer más

►El señor Pedreras

►El sobrino del guarnicionero

►el suplente de gervasio el de la satrería

►El tapicero de las Sousa

Y es que vivía, pobre hombre, obsesionadito perdido por la Loli, que no se la podía quitar de la cabeza ni de noche ni de día ni en el taller clavando una simple chincheta; que todo el día a vueltas con la Loli y dando la tabarra de tal modo que  a su mujer, la tapicera, la tenía ya amargada y tan hasta la coronilla que se lamentaba, con las vecinas, de "no sé de verdad qué voy a tener que hacer con este hombre".

►El velador de los sueños de Amada Asís de Jaula

►Elisa la de los mojicones

Que sí, la hizo ella y no le salió del todo mal, aunque una carpeta tan sencilla la habría podido hacer hasta el mismísimo Ovidio; pero su verdadera especialidad era enojarse - "como una verdadera madre o acordaros" decía la señorita Emérita (y nos solíamos acordar, por no enfadarla) lo bien que, según ella, nos lo contó Begoñita (la Parrado) si bien (que eso también lo reconocía la señorita Emérita) su actuación resultaba un poquito carente de realismo porque, a diferencia de Susanita o Socorrín, no le hacían daño los zapatos (que era cierto, como tenía aquellos pies tan pequeñitos) y eso, se quisiera o no, restaba a la escena un punto de dramatismo - con los tíos Astolfo o Emiliano "pero de esos olvidémonos de momento", cerrando la  señorita su propia carpeta y echando una ojeada al reloj de sobre el encerado, porque en el caso concreto que nos ocupaba era exactamente con Gonzalo.

►Emiliano

►Esteban Carrizosa

Aparte de la secuencia que puede seguirse aquí ampliada no hay más rastro de él que una alusión de pasada en una versión mínima y un correo enviado a Afrodita que puede leerse en el índice de don Arnaldo. Se tiene sin embargo una vaga idea de que también Victorianito lo conoció.

►Estrella

Trastornada con la obsesión por su difunto esposo aseguraba que se lo había dictado él en persona, es decir en espíritu, poco tiempo después de no haber logrado y a pesar del mucho empeño que puso salir victorioso de la lucha contra la muerte. Y que el señor del escudo y la espada era él.

►Evaristo del Cuervo

Se lo mandó por correo a todos sus contactos del gmail y del facebook y de todas partes, como le gustaba tanto juguetear y hacer experimentos. Y no contento con eso lo imprimió y lo echó por todos los buzones del vecindario que anduvieron alborotados (los viejos, sobre todo, como suelen ser tan suspicaces) cuchicheando si no serían mensajes cifrados de gentes de otras galaxias que los enviaban para estudiar nuestro coeficiente intelectual.

Fanny 

►Florita

►Gasparín

En la nota al final puede verse una de esas “notas de las palabras” que ellas mismas — con razón la señorita Acracia las detestaba, entrometidas y enredadoras — se tomaron lo que parecía la molestia de recopilar en un índice, en orden alfabético y todo, hasta con su esquema; pero debe de ser que se cansaron e índice y esquema se quedaron a medias. Aunque de esto ya se habrá percatado quien haya visitado Páginas sueltas y, una vez ahí, bajado hasta de las palabras.

 ►Genoveva

►Germán Mancuerna 

Propietario de la tienda de ultramarinos.

 ►Gracia Clotilde Espinosa

Que, como decía la tía Melinda que tanto le gustaban los pareados, fue siempre muy fantasiosa.

para ver su firma pulsar aquí

►Hadiya

Esta Hadiya es la tía de Adoración; y Adoración dice que, al menos que ella sepa, su tía nunca vivió en Madrid ni conoció a ninguna señorita Alejandra. Pero de Adoración, después de "la faena que nos hizo" dijo Felipe - el segundo, sí, y muy dolido por cierto - lo más prudente en lo sucesivo iba a ser no fiarse.

►Honorina la huérfana

►Irene Espelosín

Explicación en de la caja de zapatos.

 

►Julián

Que tan comedido, tan atento siempre a utilizar la palabra justa (ver aquí, en página 6), se quedó también él algo escandalizado con aquella turbia historia, aunque glamurosa, de la hermana de don Apuleyo de la que (dicho sea entre paréntesis) jamás se hablaba.

►krzysztof

Que no es que fuese especialmente habilidoso con la informática.

►la abogada que lo que debía suponerse que iba a hacer era arreglar los papeles al novio de la psicoterapeuta.

►La abuela Zita

Que no le faltaba razón, porque se comprende - argumentaba Cleofás - que un mismo jugador no puede estar en dos sitios a la vez llevando la misma insignia; pero, el neutralizador de tinte para el cabello de la tía viuda de las de Vinuesa que a ver - decía - quién le echaba un galgo al que metiera el gazapo o hiciese trampa.

►La calculadora de la señorita Susi

Muy buena ella sumando y restando y hasta dividiendo y sacando raíces cuadradas y tantos por cientos, pero Infinitamente menos detallista que el señor Cremades a la hora de organizar un índice e incluso menos que su mentor (que no llegaba, como puede ver cualquiera que se fije un poquito, a la suela del zapato de su pupilo); pero sí casi tan minuciosa - poco, en verdad, pero minuciosos ambos (por expresarlo con no menos delicadeza de la que se aplica para calificar de "poco agraciada" a una mujer francamente fea) - como el señor Pedreras.

►la corriente alterna de la freidora de la cocinera del tenedor de libros del señor Pedreras

►La cuñada de la de Zabala

Que bien podría estar siendo, pese a lo muy aventurado que resulta el suponer que don Gabriel fuera a morir precisamente el día de los difuntos - ver señorita Benilde (en verde para no confundir con la abuela) en el Listado del sobrino del guarnicionero que se encuentra en el texto de Olor a Membrillo - pero tampoco debe descartarse de plano, la prima pecosa de la Antúnez que, por otra parte y más considerando lo muy aficionadas que son las adolescentes a disfrazarse y sobre todo en la noche llamada de Halloween, estaría siendo la más indicada para ponerse, como se puso, hecha un basilisco por tener que participar sin insignia. Pero a falta de pruebas contundentes vamos a no complicar las cosas y a quedarnos con que fue ésta, la cuñada, la que tomó el testigo del finado y con que si protestó también lo suyo, que en verdad lo protestó, no fue por eso sino porque lo de "un texto un poco largo" era una forma un tanto eufemística de sugerir irse haciendo a la idea de que podía dar el resto de la tarde por, como decía la criada vieja, "echado a perros".

►La cuñada de un periodista que trabajaba en inmigración

►la de Bernoulli

Se supo, por Basilia cuando nos contó cómo se enjugaba enternecida las lágrimas con el pañuelito de doña Magdalena, que no era tan fría, tan inaccesible, tan complicada como la mayoría de nosotros, rematados ignorantes "poco aplicados, que nunca llegaréis a nada" - enfadadísimo don Farabundo - la suponíamos…

►La de Durán

En algún momento se llegó a considerar bastante en serio si hacerle el vacío y no invitarla más. Pero como tenía cara de acelga y los ojos enrojecidos siempre y un poco llorosos se acabó transigiendo porque para el catarro de Albertina venía, dijo Ursina, como anillo al dedo o - si la que tenía que decir era Basilia - pedrada en ojo de boticario.

►la del tercero

La Verdaguer, con tan buenísima cabeza y tan fiable para todo lo que fueran cálculos, tan sería y tan aplomada — y tan serena cuando se hallaba lejos del ambiente lectivo, fuera de las aulas y del influjo negativo de las señoritas a las que con tanta frecuencia exasperaba y, ellas, en justa compensación, irritaban forzándola a sacar lo más ácido o retorcido de su temperamento —, no era capaz de encontrar explicación… seguir leyendo

►la descalzadora de la bisabuela Nuncia

►la esposa de don Aniceto

►La fisioterapeuta

Consternada ante la perspectiva de quedarse sin empleo en una época en la que, para colmo, andaba embarcada en una hipoteca.

►La Gorgondiola aficionada a las películas musicales

Este personaje, al igual que su hermana Micaela, que podemos encontrar en la versión 5 de “¿Quiénes somos?” remitida por Clotilde a esta administración, son idénticos a los que figuran como hermanas Fuenfría en la versión 6 remitida por Sonsoles; sin más diferencia que en la de Sonsoles no se hace mención alguna a ciertos filetes de babilla ni a que, por tanto o por pura deducción, fuesen, ni Visitación ni la hermana, la carnicera a la que alude Osoria Escalante en el archivo suyo en que nos habla de la boda de Julianita con Jacinto, el hijo de doña Loreto.

►La hermana del panadero

Que parece ser hizo dos aportaciones, ya que podemos ver otra en esta imagen. Esta casilla treinta, hurgando y rebuscando, nos remitiría a un décimo de lotería de Navidad encontrado en una caja de zapatos. No hay constancia, sin embargo, de que fuese ella aficionada al juego; aunque también puede ser que en fecha tan señalada hiciese una excepción, o, puede ser también, que quién de verdad estuvo en la casilla 9 del juego de la oca no fuera ella sino la persona a la que, en aquel momento en concreto, le tocase ser - o más exactamente "hacer de" - ella.

►La joven de las botitas

Esta, que parecía tan modosa, se adhirió en infame y afrentoso contubernio con Remedios de la Cortina y el panadero – por no mencionar a toda una caterva de elementos subversivos que los secundó - a la causa de Afrodita, falseando la autoría de una obra gráfica que, si Piluca Menéndez estaba en sus cabales después de tantísimas putadas que le hicieron, para nada le pertenecía.

►La Loli

Escrito así, blanco sobre negro de su puño y letra. Y no mentía, no; que era un dechado de vitalidad y de gracia y desparpajo y aquel color, y aquella frescura y la alegría que emanaba de todo su ser cuando apenas amanecido ya se la podía ver con sus tacones repicando sobre el empedrado y canturreando, feliz, encantada de acudir sin pereza y con la mejor disposición del mundo allá donde su presencia se hiciera necesaria o tomase todos los visos de ser inminente. 

►la madre de cora

Que cuando la niña fue diciéndole que la señorita Berta le había escrito una notita intimidatoria en su mote para una chapuza amenazándola con “advertirte, mamá, de que me suspendería” se puso hecha una furia y los zapatos, y el abrigo y los guantes, y sin ni desenchufar la plancha ni apartar del fuego la olla exprés salió por la puerta escopetada dispuesta a “cantarle la gallina a ese cacho pécora” que se iba a enterar de quién era ella. 

 ►la madre de la Verdaguer

Pero, se comentaba, lo decía porque a cuenta de una vieja historia que no terminó bien le tenía mucha manía al tal Amaro que - sin que jamás se comentasen los motivos para no mencionarlo - nunca se supo por qué era conocido como "el del quinqué".

►la mediana de las Barbadillo

- ¿Y podemos saber — preguntó sor Corazón Contrito contando con sus dedos regordetes — cómo llegó nuestro insigne escritor desde la casilla 29 a la 37?

- Pues porque allí, a la salida justo de la ciudad — respondió la Barbadillo —, le salió un 3.

- ¿Y? — La sor.

- Pues que en la oca de agua de los ángeles le salió un 1.

►La menos corpulenta de las Fuenfría

►La Neófita

 Aquí hemos de entender "neófita" como - según definición del diccionario de la RAE en su vigésimo segunda edición - "persona adherida recientemente a una causa, o recientemente incorporada a una agrupación o colectividad" y no suponer, sin fundamento alguno y no existiendo argumento que pudiera inducir a tal error, que la mencionada se hubiese convertido a otra religión o ingresado en un convento ateniéndonos - nosotros, por contra y en estricto rigor - a qué se desprende de lo que (si don Arnaldo llevaba bien sus cuentas o no era él mismo un novato que se pudiera confundir o un tarambana que hiciese las cosas de cualquier manera y sin fijarse; y no hay motivo para albergar tales sospechas) ella misma dejase patente de su en cierto modo comprensible inexperiencia de la que, por otra parte, no debemos extrañarnos puesto que fuimos oportunamente advertidos por - como sin duda  diría la señorita Alicia (y sin que para nada esté siendo nuestra intención el remedarla) - "nuestra querida Fanny".

 

►La pavorosa cortedad de una distancia

►La planchadora de enaguas

►la prima Angustias

Se la puede encontrar en la página 98 de Cuázules pero no en el manuscrito 

►la prima Emérita

Que a saber si no es todo una sarta de mentiras y el presidente no llevaba gafas, en opinión de unos, o sí, en opinión de otros (bastante más benévolos), la capacidad de comprensión de la encausada sí era suficiente pero ella, “la pobre” (que ya había que ser benévolo en opinión de los unos, pero murmurado entre dientes y entre ellos porque no tenían – dijeron dándose importancia y en voz alta – ganas de discutir con unos idiotas cuando faltaban, apenas, diez minutos para ya en el recreo darlos de hostias), lo entendió todo mal o, que si no – los benévolos, que con tal de no dar su brazo a torcer se dieron punto en boca –,  qué era lo que había pasado con el lío de Oreste sabiendo, como sabía todo el mundo, que ella a Práxedes la adoraba y fueron, desde pequeñitas, como hermanas.

►la sacacorchos de la señorita susi

►La tía abuela Rosa Julia

►La tía viuda de las de Barbadillo del Alcornocal

Fue una de las afectadas por el correo de Evaristo del Cuervo. Llegó a estar tan desquiciada y padecer dolores de cabeza tan frecuentes por culpa del dichoso mensaje que la madre - consultar sota de copas,  "valet de coupe" (que doña Uli gustaba de decirlo en francés) en caja de zapatos para mejor comprensión de este párrafo - tenía que ir un día sí y otro también, ya todo preparado y a punto de levantar el telón, avisando de que buscásemos a la de la floristería para que la sustituyera. Y, para complicar las cosas, el archivo era (es) para descargar. Vamos, que todo un lío.

►La Verdaguer

Bastante menos cursi que la Cifuentes, pero infinitamente más retorcida.

►Las de Maluenda

Que como eran tres y muy bien avenidas y se encubrían las unas a las otras no hubo manera de poder averiguar cuál de las tres fue la que organizó el desaguisado que formaron cuando sin querer - porque tuvo que ser sin querer porque formales y bien serias para lo que fuese su responsabilidad sí que eran - mezclaron los folios. Así que todo el mundo hecho un lío, sin saber ni a quién tocaba ni adónde había que ir.

►las de Recuero

Que como cayeron de patitas en el 6 que además de ser casualidad era lo más lejos que se podía llegar  así de buenas a primeras nada más incorporarse al juego se pusieron como locas de contentas y dándose besos y abrazos pensando que el segundo puente bien podría ser un trampolín que les hiciera dar un salto espectacular que nos dejara a todos con la boca abierta; así que se marcharon corriendo y sin querer pararse a tomar nada y, sí, debía de ser que estaban en racha porque allí les salió un 2 que las mandó a la tercera oca; de allí a la cuarta y, con un 4 que les salió, se plantaron como quien no quiere la cosa en un periquete en el 22.

Olor a membrillo

Ir aquí y buscar al sobrino del guarnicionero, y ahí lo verán o,  si no tienen ganas de leer lo de los zapatos del muerto, pueden aprovechar ya que están en el mismo listado para, en el alcalde, ver el archivo verdadero con el que Puntoicoma está (es decir "con el que no es") tan confundido.

►Onésimo

Don Miguel le regañó porque le había dicho que pusiera un hipervínculo y luego "mira", le dijo "has puesto dos". "Sólo he puesto uno, don Miguel", le contestó él, "el de la puerta que a la sazón". "Ya" - don Miguel - ¿pero del de que eran poco más de las nueve y media qué me dices?". Y le contestó muy tranquilo que cómo no se veía no se lo contara. Don Miguel se rascó la calva y musitó "este chico..."

►Piluca Menéndez

Alude tan sólo, tal como puede verse, a sus dibujos y a sus manchas; no menciona sin embargo ni reclama derecho de propiedad sobre foto ninguna. Pese a ello aquí podemos ver una foto en negativo firmada por ella.

►Prudencia

►Remedios Ayuso

Sacramento

La más corpulenta de las Monteverde. Quien no la recuerde puede acudir a Violeta Tovar, en el índice de don Arnaldo.

►Señorita Benilde

►Sole

La hermana de la señorita Alicia era de la opinión de que había sido ella misma y más por torpeza que por maldad - pues no la tenía ella por persona inteligente, o no, por lo menos, por lo bastante perspicaz para hacerlo antes de que  llegase Almudena (que daría, como era de esperar, la voz de alarma) - quien había escamoteado las páginas que estaban faltando porque "de  no ser así - planteaba con un incuestionable buen criterio que Alicia se obstinaba en cuestionar - Alicia, querida, piensa un poco, ¿cómo habría podido la otra deducir si se estaban o no se estaban tratando de una carta, eh?".   Leer más

►Sonsoles

Que protestó lo suyo aduciendo que encontraba de todo punto absurdo que se la relegara a un cuarto puesto del que, entendiérasela, no es que la desagradase ni le pareciese un mal lugar en la clasificación en una carrera hacia lo más alto a que se pudiera aspirar, y habida cuenta por añadidura de la enorme cantidad de participantes que le quedaban por detrás; pero, y ese era su argumento, era una verdadera lástima que unos festejos tan bonitos quedasen del todo deslucido por causa de que no siendo ni el ganador, ni el finalista, ni el que mereciese el tercer puesto con una mención especial (porque de medallas ni hablar no habiendo a quién colgárselas) entes reales con nombre y apellido sino tan sólo y si acaso (puestos a suponer que voz, moneda y palillero estuviesen siendo símbolos de algo corpóreo o por lo menos pensable) de razón y bastante cuestionable, el podio luciría vacío cuando ella, junto con doña Gardenia y las Recuero, podrían encantadas de la vida ocuparlo.

►Teresita ledesma

Que a pesar de las investigaciones exhaustivas que los detectives del lugar (primero) y los más avezados espías del planeta (después) llevaron a cabo y de los interrogatorios que las madres (por un lado) y las señoritas (por otro lado) e incluso el director (por otro) y hasta los amigos/as de esos a los que se suele denominar “uña y carne” llevaron a cabo entre sus hijos/as, alumnos/as, educandos/as y amigos/as respectivos/as que a cada cual correspondiese y bajo amenaza de irse a la cama sin cenar (las madres), no salir el domingo (los padres), quedarse sin bocadillo o sin recreo (las señoritas), expulsión (el director), no contarse más secretos íntimos y revelar todos los conocidos del contrario (los amigos/as), no hubo forma de poder esclarecer si es que se confundió de apuntes, o hizo trampa, o jugó dos veces pero sin trampa porque le tocase hacer una suplencia que por despiste o haraganería del secretario de turno – y que hasta lo mismo él o ella mismo/a era suplente – no quedase registrada…

Y que hubo ocurrencias chistosas, Como la de Estrella, tan obsesionada con las cosas del espiritismo que llegó a apuntar – pero que muy seria, nada de en plan de chascarrillo – que a lo mejor había sido en dos encarnaciones diferentes o, incluso, una vez en cuerpo astral y la otra en cuerpo físico.

El caso fue que, en resumidas cuentas, a ver por qué puñetas – dijo Basilia, aunque Purificación (con su mala lengua) cuando le tocó su vez dijo ‟cojones” – aparecía con el distintivo ‟llamada hueca” en la casilla 3, y con el distintivo ‟marquito 15” en la casilla 15.

►tía abuela Isabelita

Se la puede ver en página 129 y siguiente de Foto de páginas en blanco.

►Tía Gregoria

La verdad es que su nombre era Zenobia pero la de Durán parecía disfrutar simulando que se confundía. Trataron de corregirle este vicio pero por lo visto se enfadaba y les decía "seguir si queréis poniéndoos mosconas y no vengo más".

►Titulcio Estradilla

Que, bien porque a pesar de sus esfuerzos por ser tan despistado como papá y ganarse así nuestro cariño se sintiera inseguro, o mal porque lo preocupara, pulcro y responsable como en realidad era, confundir el documento de su intervención con cualquiera de los papeles que atestaban su escritorio en la notaría de don Astenio, había ideado el ingenioso método que luego todos le copiaron consistente en, en la parte de la izquierda, a ser posible en el ángulo superior, colocar una réplica (pequeñita, pero copia bastante fidedigna del original) del distintivo que identificaba el documento donde se hallaba la frase que daba pie a la entrada siguiente.

►tornasol

►Torrenciano Valmojado

Que herido al sentirse reducido a la condición de alter ego de Florencio Cardoso o, más insignificante todavía, de Sansón Restrepo según la versión de Adoración López — o apesadumbrado con independencia de versiones, tan expuestas al albur o el capricho del que toma la pluma o la palabra, por haberse referido a Lagartijilla en tono despectivo — quiso no se supo si por quitarse el estigma o la espina utilizar, para el caso del estigma, el nombre de Zoila con el fin de (aunque hubiese de ser dedicando alguna alabanza forzada a la Balbuena y a su engorrosa presencia) hacerse un hueco propio en esta magna historia y, en el caso de la espina y aunque nada más fuese para destrozar los nervios de las generaciones venideras, tan sólo algunas páginas (que no vamos a decir “en blanco” porque blancas propiamente no es que sean) que, precisamente por la rareza de no contener texto alguno pero sí su orla, se ha tenido a bien conservar primero como prueba inequívoca de que son de él, y segundo, por temor a que — tanto en su condición de alter ego como en la de apesadumbrado no importa de ni en boca o versión de qué ni quién — pudiese esta historia resultar menos magna si se las suprimiera. 

►Un caballero vestido de frac

Mírelo quién quiera verlo, en página 129 mostrando el cronómetro que sujeta en la mano.

un hombre ordenando papeles por encargo en una habitación vacía

un operario informal

Que, a pesar de que se le explicó muy bien explicado que sólo era un personaje de ficción utilizado como mero recurso literario, no hubo forma de que entrase en razón protestando "pero yo he cumplido, ¿o no he dejado lista y en el tiempo concertado la persiana?". Y como hubo de reconocerse que en verdad había sido eficiente - que la propia clienta atestiguó que en efecto había desayunado huevos fritos con bacon sentada en su salón viendo como al otro lado del cristal un suave vientecillo mecía las ramas del sauce llorón del jardín no siendo más de las nueve y veinticinco - aunque palabras había empleado poquísimas, se atendió a su solicitud (o exigencia, para ser exactos, que se puso muy cabezón) de ocupar un lugar en esta magna historia si bien, y porque no se saliera del todo con la suya o quedase como se suele decir encima como el aceite, se le puso la condición de que tendría, como el resto de los participantes, que hacer alguna aportación con que enriquecerla.

►un tercero

Aquí la sorprendida no era la Verdaguer sino Cora y no porque encontrase  nada especial en que el archivo hubiera sido remitido por alguien que se suponía debía de ser de sexo masculino (o no, quién sabe, “un tercero” es algo demasiado genérico) y redactado sin embargo por una mujer “cruzada de manos como una tonta”, sino porque se llegara a él desde una casilla 13 (que bien podía ser; el 1 tiene tantas posibilidades como cualquiera de los otros cinco) a la que se había accedido…  ver más 

►Una cajera

De supermercado que, al igual de su compañera de apartamento, cajera también y de supermercado pero de otra cadena aunque ellas se llevaban muy bien, no quiso aceptar el ofrecimiento de ser la del banco que confundió a Henry Fonda con un criminal y le dio tantísimos problemas porque, dijo, ella no quería complicar la vida a ningún padre de familia perfectamente honrado. La otra, sin embargo, dijo que estaría encantada de poder aceptar porque nunca había estado en América, pero no se podía marchar porque tenía, por culpa de un músico, un asunto que resolver con la justicia.

►una cuñada

►Una de las primas de Gancedo

La del hoyito en la barbilla, concretamente, que como ya dijera Cándida era monilla pero bastante raspa, irascible y algo respondona a la par que no poco desconfiada, sospechando siempre de que "no sé - decía, y en verdad no sabía pero debido a su enfermiza suspicacia aventuraba - pero me da en la nariz que alguien quiere pegármela" y, por tratar de evitarlo, se había elaborado lo que ella denominaba "mi propia lista de localizaciones" que guardaba cuidadosamente bajo llave, temerosa de que algún desaprensivo o envidioso le hiciera alguna modificación para desconcertarla.

►Una muchacha delgadita

Que bien habría podido pasar por la historia que nos ocupa sin dejar tras de sí pena ni gloria y sin siquiera ser incluida en este índice porque Zoila Fuenfría la había nombrado muy de pasada y sin mostrar mucho interés porque fuese uno de sus personajes (aunque secundario) más emblemáticos; pero hétenos aquí que con su testimonio vino a corroborar que, si como en él se indica hubo algún tipo de vínculo entre Calpurnia y Sonsoles, en efecto y como más arriba se supuso, hubo también de haberlo (por medio de Calpurnia) entre Sonsoles y Cándida. Para la oportuna comprobación véase Señorita Marcela

►una prima de las de Robledo

Se ignora el motivo por el que este relato suyo tiene enormes similitudes con lo que se cuenta en el archivo al que se accede desde esta bobina de la caja de zapatos.  El texto es prácticamente idéntico en ambos casos si bien el que se nos muestra allí es algo más largo; también son diferentes los nombres de los personajes — con la salvedad de papá y mamá, que son papá y mamá en los dos casos sin que se mencionen los nombres —, de los lugares en que se desarrolla la acción y de algunos de los elementos de utilería.

►Vanesa

Para ver nota aclaratoria dirigirse al Índice que, a estas alturas del abecedario en que nos encontramos y al cabo de tantísimas vueltas como todos habremos dado, se presume que incluso papá (tan despistado) está más que de sobra al cabo de la calle de que pertenece a don Arnaldo.

►Vilja

Que era la que elegía, aunque después de mucho demorarse simulando repasar el álbum con suma atención, siempre que se ponía de mal humor cuando, por algún imprevisto con el que evidentemente no se contaba y del que por lo tanto nadie había tenido tiempo de ponerla sobre aviso, era a la mediana de las Barbadillo a la que le tocaba hacer la huérfana.